No me oigas por favor
ESCÚCHAME
En estos días me he tomado el tiempo para reflexionar en
relación a la situación que vivimos en lo profesional, en lo cotidiano ó en lo
familiar. A pesar de compartir con personas con excelente preparación, a pesar
de compartir con personas muy inteligentes, a pesar de contar con los mecanismos
mas modernos de comunicación, existe una enorme brecha comunicacional entre los
integrantes de un mismo equipo, entre las familias y en líneas general entre los
ciudadanos, actuamos en contra de las leyes naturales, nacimos con dos orejas y
una boca, lo cual indica que deberíamos escuchar mas y hablar menos, pero
lamentablemente no es así, sufrimos de incontinencia verbal e incontinencia
escrita, si cabe el termino cuando chateamos, nos hablan del perro marrón y
respondemos en lo bueno que resulta un carro deportivo. Hemos perdido la
capacidad de escuchar, de leer entre líneas, de interpretar el mensaje que nos
quieren enviar en una oración. Estamos tan llenos, tan colmados de información
que no nos tomamos el tiempo de digerirla, de analizarla e
interpretarla.
Oímos pero no escuchamos, vemos pero no observamos.
Existen muchos pero muchos ejemplo de lo que vivimos cotidianamente, te lo dije,
te lo escribí, te lo advertí, pero tu ritmo es tan acelerado que no te da tiempo
de interpretar o de entender. Asumimos, suponemos y pensamos en base a la
cantidad de cosas que pasan por la mente, en base a la cantidad de cosas que nos
llegan, pero fallamos porque no entendemos el requerimiento, porque no
interpretamos el mensaje en la manera correcta o porque no validamos si nos
invade la duda. Mantenemos comunicaciones con líneas continuas de lado y lado
que nunca chocan para entender que son diferentes.
Según los especialistas en la materia el definir reglas
claras, el entender los objetivos con claridad, el definir metas intermedias sin
ambigüedades que nos permitan medir si estamos en la dirección correcta del
objetivo, son algunos de los secretos para una mejor calidad de vida, para ser
efectivos y eficientes, para no generar desgastes y dosis adicionales de
esfuerzo necesarias para realizar uno y otro cambio de rumbo para llegar a la
meta. Meta que muchas veces logramos por el nivel de responsabilidad que nos
acompaña o por el nivel de compromiso y profesionalismo que nos caracteriza.
Pero lamentablemente no nos detenemos a pensar el costo real del logro, el
excesivo esfuerzo que realizamos por oír y no escuchar con atención lo que en
realidad esperan de nosotros.
Debemos ejercitarnos en el arte de escuchar, debemos
aprender a valorar su importancia y ver la cantidad de tropiezos que podemos
evitar, debemos evaluar lo fácil que se torna la vida cuando vamos en el camino
correcto sin tropiezos. La vida es una sola y para disfrutarla a plenitud
debemos hacerla agradable y para lograrlo debemos evitar el desgaste que produce
la improvisación que produce el no escuchar con claridad para definir con
objetividad los caminos y las metas a lograr.
RAS
62014